Pasamos los penúltimos días del año en Bilbao y tuvimos una suerte bárbara con el tiempo, porque las predicciones anunciaban lluvia durante los tres días que pasamos allí: 28, 29 y 30 de diciembre.
Con la excusa de ir a visitar la exposición del arquitecto Frank Lloyd Wrigth en el museo Guggenheim, nos fuimos a Bilbao a conocer la ciudad. Y la verdad es que nos gustó mucho.
Apenas llovió el primer día y la temperatura rondando los 18ºC
durante todo el día. Un poquito de viento sí que hizo, sobre todo en las zonas altas que rodean la ciudad, que abajo, por estar la ciudad en el valle del Nervión y protegida por los montes que la rodean, no se notaba tanto el viento.
El coche lo dejamos en el parking del Arenal, muy cerquita del Casco Viejo, donde se encontraba nuestro hotel: Bilbao Jardines. Algo carillo resultó la estancia del coche en el parking los tres días, pero todo el Casco Viejo es peatonal y en las zonas cercanas el
aparcamiento está restringido.
El hotel bastante bien, a cinco minutos del Teatro Arriaga y de la ría, buen punto para iniciar nuestros paseos turísticos.
Compramos un Creditrans, un billete de transporte que nos permitió viajar en el tranvía que va paralelo durante gran parte de su recorrido a la ría y que tomamos el primer día para tener una visión de Bilbao; también viajamos en el metro, con sus dos líneas, nada que ver con el gigantesco
metro de Madrid.
El billete también nos llevó al funicular del Artxanda, que te sube hasta el monte del mismo nombre, desde el que se tienen unas vistas de Bilbao bastante espectaculares.
Y en metro nos fuimos hasta Las Arenas, para cruzar la ría en el famoso Puente Colgante de Vizcaya; viaje de pocos minutos sobre el río Nervión, también financiado por el Creditrans y que nos llevó hasta la o
rilla izquierda a conocer algo del municipio de Portugalete.
La visita al Guggenheim la teníamos programada para el día 29 por la tarde. La exposición de arquitectura fue interesante; en la planta baja solo hay dos o tres macroinstalaciones y la tercera planta no la vimos porque Sara ya estaba cansadita. A mí personalmente, no me volvió loca el museo, seguramente lo que no vimos merecía la pena; pero el edificio exteriormente no me gusta nada de nada. Es impactante, pero raro y aunque está en un sitio bonito a la orilla del río, no termina de convencerme.
El tercer y último día, nos fuimos en tranvía hasta el Museo Marítimo Ría de Bilbao, donde además de ver el museo y subir a algunos barcos ya en el dique seco, pudimos montar en un bergantín holandés anclado en la ría, que hace travesías hasta Holanda.
Algo en lo que fallamos un poco fue en las comidas. Tanta fama la buena comida vasca y no terminamos en sitios muy típicos que digamos. Se nos hacía tarde, era la hora de comer, Sara tenía hambre... En Portugalete entramos en una taberna típica a tomarnos un "pintxo" y lo regentaban dos mujeres chinas y de típico no mucho. Y los otros días, comidas y cenas un poco de platos combinados. ¡Volveremos a ponernos ciegos de pintxos y demás!
Sí pudimos degustar unos dulces que parecen típicos: los bollitos de mantequilla, una especie de suizos rellenos de algo parecido a nata o según dice Fabian, de mantequilla de Soria, ¡ligeritos y de dieta!; que compramos en una tahona que había justo frente al hotel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario