El pasado domingo 5 de abril nos acercamos, con Marcela y sus papás, hasta el Museo del Tren de Arganda del Rey, para disfrutar de un pequeño recorrido en tren de vapor: el famoso tren de Arganda, que pita más que anda.
Por el módico precio de 5 euros de cada billete, pudimos ver la pequeña exposición de material ferroviario del museo y montar en el tren de vapor, cuya restauración y puesta de nuevo en funcionamiento es obra de la asociación Vapor - Madrid, que gestiona el museo y el paseo turístico en tren.
Dos vagones de pasajeros, tirados por la locomotora Arganda, recorrieron el trayecto de unos 4 km. que nos llevó desde el apeadero de La Poveda, hasta la laguna de El Campillo, aprovechando parte de el antiguo trazado del Ferrocarril del Tajuña.
A principios del siglo XX inició viaje este tren para transportar productos de la huerta desde la zona sureste de la provincia hasta la capital. Con el paso de los años, a estas mercancías se le unieron materiales de construcción y pasajeros, que se desplazaban hasta Madrid. El tren se hizo famoso por la baja velocidad con la que se movía y de ahí el dicho de "que pita más que anda". Se decía que un viajero podía bajar del tren en marcha a estirar un poco las piernas o a coger alguna uva de los viñedos que se atravesaban y volver a subir al tren sin ninguna dificultad.
El trazado del tren de Arganda, también conocido como del Tajuña, formó parte de un proyecto más ambicioso que pretendía unir Madrid con Aragón, aunque solo llegó hasta la población alcarreña de Alocén, a unos 150 km. de Madrid.
A mediados del siglo XX disminuyó considerablemente el número de viajeros que utilizaban este medio para desplazarse, así como las mercancías que se transportaban, principalmente remolacha hasta la azucarera de La Poveda. Finalmente solo se utilizó para el transporte de áridos desde las canteras de Morata de Tajuña y una cementera de Vicálvaro.
El último tren realizó su viaje en 1998.
Tuvimos suerte y ese domingo además, asistimos a una pequeña recreación de escenas de la Guerra Civil, que corrió a cargo de la asociación madrileña de recreación histórica Frente de Madrid.
Integrantes del grupo, ataviados como militares y civiles, nos transportaron por un rato al frente de la guerra en la España del 36. En la parte final del viaje, junto a la laguna de El Campillo, el tren se detuvo y pudimos ver a los soldados en acción, recreando acontecimientos de lo que pudo pasar en aquellos tiempos.
Antes de que el tren arrancara de nuevo, la amiguita Marcela tuvo que apearse con su mami para hacer un pipí, ante la atenta mirada del personal que debía dar la orden de que el convoy marchara de nuevo, no fuera a ser que se quedaran en tierra y aunque fuéramos a poca velocidad, hubiera sido todo un espectáculo no pogramado que subieran al tren en marcha.
Estuvo curioso el viajecito, aunque la pequeña Sara estuvo todo el rato muy sorprendida de que no cantaran la canción que le habían enseñado en el cole: "El tren de Arganda, que pita más que anda... piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii" Llegó a la conclusión la nena de que no se la sabían y por eso no nos deleitaron con la tonada.